El sintozoide trataba de integrarse con la humanidad, pero el área de las bromas aún se le escapaba.
–Considera insuficiente al simulador de entrenamiento... –musitó asombrado.
No apartó la mirada un segundo de las imágenes proyectadas, que le provocaron el derramamiento de una lágrima en la que había dolor, por el sufrimiento de Pym, pero también esperanza, pues lo que le estaba diciendo era que había logrado aquello que siempre había soñado.
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Los demás robots no lo inquietaban, no a él, que era uno de ellos. A metros de sus creadores, su deseo era tenderles la mano, pero aún le faltaba convencimiento.
–Estoy muy interesado en vuestro zanjamiento de diferencias. Si pudiérais darme luz sobre el asunto...
Pero cuando acudió a ella, esos incontables robots le dieron la pista de que el mensaje tal vez no era amistoso. Pero debía descubrirlo.
Flotando sin ser tocado siquiera por el viento, llamó el nombre de Hank Pym.
El mensaje fue recibido en mitad de la noche en la Mansión de los Vengadores, pero en ella habita un espectro sin sueño cuya mente tradujo del morse instantáneamente.
–Pym... ¡vivo! –musitó las palabras tan difíciles de creer pero que sin embargo debían ser la verdad.
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–Hm. Sí, supongo que tienes razón. No he visitado ese ala en largo tiempo, tiempo ha que no exploro los límites de mis capacidades. Pero ahora me encuentro recargado –añadió. Sería en vano intentar adivinar el esbozo de sonrisa en su rostro escarlata.
Sus labios sintéticos eran tan fríos como el resto de su naturaleza, mas se entreabrieron para recibir los de Kara en un último beso que despertaba muchos recuerdos y sellaba el pasado que compartían.
En ocasiones, La Visión se encuentra tan sumida en su paseo contemplativo que parecería una estatua más del jardín de la Mansión de los Vengadores.











