Ángel, en pretemporada. Lleva zuecos y descansa sentado dentro de ese hórreo gigante llamado Iturriondo.
Andoni la elevó hasta Dios, y el balón bajó llovido provisto ya del toque divino suficiente que le permitió entrar y recostarse en la red.
El segundo lo metió Dios a pase de Andoni: la vaselina dibujó una parábola tan exagerada que hubiese excitado a Isaac Newton.
Ángel corre con sus zuecos, y mete goles con sus zuecos. Y el domingo le bastó media ocasión para hacer un gol. Con sus zuecos.
Ángel no es asturiano, pero podría serlo. Es pícaro, avispado, sagaz y tunante. Como los delanteros asturianos.
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Gran partido de mis compañeros ke mantiene viva la ilusión pero más grandes cada uno de los miembros de los hools. Así da gusto @Eurotiebas
El domingo más. Os queremos ver en Iturriondo, en ese campo situado entre una cueva polvorienta, un cementerio y una carretera secundaria




