La vida contemplativa no consiste solamente en retirarse del mundo, sino en permanecer junto a Jesús y llevarlo a los demás cuando la caridad lo exige.
No busques únicamente hacer grandes cosas por Dios; busca vivir de tal manera que toda tu existencia le pertenezca.
Aprende a soltar incluso las pequeñas inquietudes que te hacen volver continuamente sobre ti mismo, para dejar más espacio a Dios.
Incluso cuando la oración se vuelve árida y todo parece costoso, permanece ante Jesús y dile que deseas amarlo.
La pobreza de los medios humanos no impide la obra de Dios; puede convertirse precisamente en el lugar donde se manifiesta su fuerza.
Vivir con Jesús significa dejar que sus pensamientos, sus palabras y sus actos vayan tomando forma en nuestra propia vida.
El silencio no significa olvido ni frialdad; puede ser el lugar donde el amor arde con mayor intensidad.
No le pidas a Jesús sentir siempre su presencia; pídele, ante todo, permanecerle fiel incluso cuando no sientas consuelo.
