Para entender cómo funciona el mito de la democracia explotado por los partidos políticos o por las facciones depositarias del Poder Ejecutivo, este párrafo de 'Revolución y legitimidad', de Friedrich Julius Stahl, el gran defensor de la Monarquía Constitucional prusiana, es una buena descripción:
"El partido democrático niega al rey incluso las formas de soberanía que el partido liberal le concede: el veto absoluto, el derecho de guerra y paz, el poder de convocar, aplazar y disolver la representación popular. La historia de la Asamblea Constituyente francesa de 1791 y de la Asamblea nacional prusiana de 1848 lo corroboran. El partido demócrata no tolera ningún término moderador: nada de dos Cámaras; nada de elecciones indirectas, en sus formas más radicales; nada de división de poderes, del legislativo y del Ejecutivo, por lo que la Convención se hace pronto con ambos. El partido democrático tiende a establecer, allí donde triunfa, un poder simple, indiviso e ilimitado."
Ese proceso histórico por el que la idea de la democracia conducía a la concentración de poderes en una facción -y que solo es paradójico para quien persiste en el error de una contraposición esencial entre democracia y dictadura- es lo que hoy explica que la apelación a la democracia esté en la base de la colonización de todas las instituciones del Estado por una facción partidista.
Gloriosa Editora Nacional.
Primera edición, en 1963.
Segunda edición (esta) impresa el 6 de marzo de 1980.
La edad de oro del periodismo. Incisivo, riguroso, exigente con el entrevistado.
Menos mal que @rtve nos aclara lo que Pedro Sánchez fue a hacer a la casa: "divertirse" con el tal Broncano. El plató fue como un piso de estudiantes universitarios. Solo les faltó servirse unas copas, liarse unos porros y llamar a unas bellas mancebas que les amenizaran la fiesta.
Hay varias cosas que no se veían hace 50 años:
1) Que un embrión en el claustro materno sea un quiste extirpable a voluntad de su madre. También puede ser una bendición digna de protección. Son *opciones".
2) Que una mujer sea un hombre si quiere serlo, o un hombre sea una mujer si quiere serlo.
3) Que hayamos de abrir nuestras fronteras, porque los seres humanos son aves migratorias con derecho a posarse y ser acogidas donde decidan.
4) Que, derivado de 3), los ceutíes tengan que contemplar impávidos como su ciudad se convierte en un campo de parias.
5) Que el censo se pueda ampliar a golpe de instrucción administrativa, y derivado de ello, que alguien que ni ha pisado España ni tiene pretensión de hacerlo tenga el mismo derecho que un español que reside aquí, para decidir los destinos de su comunidad política.
Conclusión provisional, a falta de una exploración más a fondo: un manicomio de corrupción moral, disolución de la comunidad política y exaltación del crimen.
Pero los "monstruos", por definición, son los otros. Los nuestros son ángeles.
Parafraseando a Jabois, "la historia tiene una preciosa tradición de seres virtuosos y cargados-de- razón, que nos llevan al despeñadero".
Hoy viene Santiago Abascal a La Coruña.
A la izquierda, los autodenominados "antifascistas". A la derecha, simpatizantes o militantes de VOX.
Despliegue de agentes antidisturbios.
La "sexualidad hetero" es la única sexualidad propiamente dicha, porque solo hay sexualidad en especies con reproducción sexual, lo cual implica necesariamente la cohabitación entre dos sexos distintos. El resto es sexualidad por imitación de la genuina sexualidad.
La sexualidad "hetero", es decir, la sexualidad, es procreadora y, por ende, sagrada.
En una de sus sabias admoniciones advertía Antonio Gramsci de una diferencia fundamental entre la lucha física y la lucha intelectual. Si en aquella era lícito y hasta indicado atacar al enemigo por su flanco débil o peor protegido, en ésta solo es pertinente el ataque al lado más fuerte.
Desconocen esta advertencia quienes atacan la "Ley de Nietos" y la Instrucción de la Directora General por la presunción de la compra masiva de votos a favor de la facción gobernante. No porque eso no pueda ocurrir. No porque esa no haya sido la intención de los promotores, sino porque esa presunción lleva la discusión al terreno de los juicios de intenciones y la mala fe. Y ahí siempre habrá empate, por lo indemostrable del caso.
Pero el flanco fuerte, la muralla robusta, están en otro lado. No, nadie debe poder votar por su condición de nieto de exiliado, si su vínculo con España no es otro que ese, es decir, familiar y sentimental. Nadie debe poder votar allí donde no contrae obligaciones. Nadie debe poder votar allí donde no reside y donde no tiene pretensión alguna de residir. Una comunidad política no puede rehacerse 90 años después de una guerra civil, como si ésta no hubiera tenido lugar. El supuesto agravio a un antepasado no puede cobrarse en el presente, por su descendencia, como si la ciudadanía fuese una moneda de cambio y no afectase a la línea de flotación de la propia comunidad política. Para ésta, tan irrenunciable es el derecho al voto de los que están dentro como la exclusión de quienes no pueden estarlo. Aquí el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo pueden decir misa. Si asumimos que la comunidad política no tiene sustancia propia, y puede ser modificada a voluntad por leyes o disposiciones administrativas, simplemente estamos negando que dicha comunidad pueda existir. La territorialidad, la distinción entre los de dentro y los de fuera, y la obligatoriedad de un vínculo entre los de dentro y con los de dentro, no son renunciables salvo que el fin sea destruir la comunidad política para que degenere en una masa de administrados.
Por eso es perfectamente apropiado decir que una turba golpista en forma de partido político ha asaltado las instituciones.
¿Entendemos ahora el porqué de la necesidad histórica de una figura como Stalin?
Lo que separa a los bolcheviques de todo el conglomerado de las izquierdas en una democracia burguesa como la española, es que no han podido apoderarse del Estado en régimen de monopolio. Se han integrado en él y circulan como oligarquías en la Administración, con las canonjías, sinecuras, prebendas del Régimen. Y solamente la perspectiva de que tales beneficios puedan peligrar, o puedan no repartirse bien, explica lo que llaman discrepancias, la imposibilidad de un acuerdo electoral.
Pero si en verdad hubieran hecho la Revolución, los caprichos de las Colaus, los Rufianes y las Monteros no serían discrepancias reducibles por medio del consenso: serían una amenaza existencial para el Estado. Y eso solo puede resolverse a sangre y fuego.













