—Por desgracia para ti, nunca tendrás la oportunidad de comprobarlo. O tal vez por fortuna. A lo mejor resulta que mi sangre sabe asquerosa.
Esta mañana, de la que salía a hacer unos recados, se cruzó con una niña en el portal del nuevo edificio, y al volver a casa por la noche se ha encontrado un dibujo en su felpudo, dándole la bienvenida. Cómo se supera eso, a ver.








