“Las dos naves, es decir, las dos barcas que se llenaron entonces, simbolizaron a los que venían de la circuncisión y del prepucio, esto es, a la Iglesia formada de judíos y gentiles. Por esa razón se llama a Cristo piedra angular, pues en el ángulo se dan, en cierta manera, el
beso paredes que traen distinta dirección. Así, pues, ambas naves se llenaron, se sobrecargaron de peso y casi se hundieron. El hecho fue símbolo de los cristianos que viven mal y oprimen a la Iglesia con sus malas costumbres. Con todo, las barcas no se hundieron: la Iglesia
San Juan XXI, 11.
El número 153 tiene su origen en el 17, dice San Agustín: «en el diecisiete está la raíz; en el ciento cincuenta y tres, el árbol».
El diez simboliza la ley, que «nadie puede cumplir sin ayuda»; y allí ingresa la misericordia del 7, es decir, del Esp. Santo,
consejo (3) y fortaleza (4), ciencia (5) y piedad (6), Esp. del temor de Dios (7).
«Cuando los siete se juntan a los diez, ellos hacen a los santos, que no confían en la ley, sino que presumen del auxilio de Dios […] SE JUNTARON, POR TANTO, LA MISERICORDIA Y LA LEY».
La ley es
“¿Os parece de poca monta […] no es un milagro que todo el mundo siga a un hombre crucificado? […] aunque nada de esto hubiera sido anunciado por los profetas, ¿cómo hubiera podido un hombre crucificado realizar tan grandes cosas si no fuera un Dios encarnado?”.
— San Agustín.
“Es justo creer que [Cristo] también QUISO SIMBOLIZAR ALGO EN CADA UNO DE LOS HECHOS que tuvieron lugar y quedaron escritos sobre su pasión”.
— San Agustín, Serm. CCXVIII.
El sueño es imagen de la muerte.
“¿Qué otra cosa es el sueño sino una muerte cotidiana que ni del todo saca al hombre de aquí ni le retiene por largo tiempo? ¿Y qué otra cosa es la muerte sino un sueño largo y muy profundo, del que el hombre es despertado por Dios?”.
Martín Lutero sobre Gálatas I, 14.
Véase diáfanamente el paralelismo que traza el heresiarca con respecto a San Pablo y su absoluta separación del judaísmo.
Lutero aplica la misma fórmula cuando trata lo concerniente al catolicismo romano (que considera «religión vetusta»).
El cristiano debe estar alerta frente al rey de Egipto, frente a su imperio tenebroso y frente a sus secuaces que operan en pos del mysterium iniquitatis.
“[…] fuisteis en otro tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz”.
— San Agustín.
“[…] llevó él mismo la cruz, nos dejó una muestra de continencia […] qué ha de hacer quien quiera seguirle […] cuando dijo: «Quien me ame, que tome su cruz y me siga». LLEVAR LA PROPIA CRUZ equivale, en cierto modo, A GOBERNAR LA PROPIA MORTALIDAD”.
— San Agustín.
El hermoso peso de la Cruz.
“¿Qué hombre que crea con toda verdad e intensidad en Cristo se atreverá a enorgullecerse, cuando es Dios quien enseña la humildad no sólo de palabra, sino también con su ejemplo?”.
— San Agustín.
“Llegó a concentrarse completamente en Dios y a ser absolutamente absorbido por Dios. Esto podrá parecer común a algunos, pero permíteme que diga que es una de las cosas más extraordinarias que puede hacer un hombre sobre la tierra”.
— Fray M. Raymond, O.C.S.O.
“Este mundo lo gobiernan los diablos y sus ángeles; contra ellos tenemos entablada una batalla según dice el mismo Apóstol: Nuestra lucha no es contra la carne ni la sangre, sino contra los príncipes, potestades y gobernantes de este mundo, de estas tinieblas”.
— San Agustín.
José (aumentado) y Nicódemo (victoria -nikos-, pueblo -demos-) le dieron sepultura a Cristo.
Es fundamental recurrir a la etimología de ambos nombres para comprender este suceso.
Cristo es aumentado en la Crucifixión y, a su vez, derrota al pueblo judío que ha de juzgar.
“El hombre en quien el Logos habita no cambia, no se transforma, tiene la forma del Logos, es semejante a Dios, es bello, no es pendenciero; es la verdadera belleza, porque es Dios. El hombre se convierte en Dios, porque lo quiere Dios. Con razón dijo Heráclito: «Los hombres son










