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Aldo Cacciuttolo Allegro
#Economía #Geopolítica #Mercados
Me he encontrado varias veces con las publicaciones de esta señora y llama la atención su obsesión con Kast. Ahora resulta que hasta su personalidad le molesta.
En lo personal, veo a un hombre correcto, sobrio, bien presentado y que cuida las formas propias de su investidura. Cuestión de apreciaciones, por supuesto. A mí me provocaba bastante más vergüenza ver a Boric representando a Chile con su habitual desaliño, sin corbata y con una presentación personal que consideraba impropia del cargo.
Pero parece que hasta la elegancia depende del color político.
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Este gráfico merece mirarse con detenimiento, especialmente por quienes insisten en negar la historia económica reciente de Chile.
Durante el gobierno militar, José Piñera y un grupo de economistas liberales sentaron las bases de un modelo sustentado en la libertad económica, la propiedad privada, la inversión y la apertura comercial.
Los resultados hablan por sí solos. Chile se convirtió en una verdadera máquina de sacar personas de la pobreza. Entre 1990 y 2013, esta cayó del 38,6% al 7,8%, según la metodología tradicional. Y entre 1985 y 1997, el PIB creció a un promedio anual del 7,6%, convirtiendo a Chile en un referente económico para Hispanoamérica. Millones de compatriotas mejoraron sus condiciones de vida.
Porque el progreso no consiste en repartir la miseria bajo consignas igualitarias, sino en generar riqueza y oportunidades.
Con Bachelet II, en 2014, se profundizó una etapa de desaceleración que se prolongó durante los gobiernos posteriores, hasta Gabriel Boric. Pasamos de crecer un 4,4% anual entre 2002 y 2013 a apenas un 2% entre 2014 y 2025.
Hoy pagamos las consecuencias de haber debilitado los motores del desarrollo: inversión, productividad y empleo.
Dedico este gráfico a tantos militantes de izquierda que hoy me insultan por defender las ideas de la libertad económica.
La historia económica no se borra con consignas. Los datos están ahí.
Llevo poco tiempo participando activamente en X. Llegué con la intención de aportar desde mi formación profesional, defender mis ideas con datos y argumentos, y mantener un debate cívico, incluso frente a quienes piensan radicalmente distinto.
Comparto estas capturas solo como botón de muestra, no para victimizarme. Lo que me sorprende es la miseria intelectual de quienes, incapaces de sostener un argumento, recurren inmediatamente al insulto personal.
Y esto es apenas lo visible. Por mensajes privados (DM) recibo descalificaciones, acusaciones de «nazi» o «fascista» e incluso amenazas. Y quiero ser preciso: todos esos ataques que he recibido provienen de cuentas de izquierda o extrema izquierda, algo que he comprobado revisando sus perfiles. Mi respuesta es sencilla: bloqueo y sigo adelante.
No estaba acostumbrado a este nivel de intolerancia y matonaje, pero estoy aprendiendo cómo funcionan estas redes. Y si alguien cree que con insultos o amenazas va a intimidarme, se equivoca de cabo a rabo. Todo esto no hace más que darme todavía más fuerza para seguir defendiendo las ideas de la libertad.
Si con mi pequeño granito de arena puedo contribuir a que mi Chile querido sea un país más libre, tolerante y próspero, lejos de la censura, el sectarismo y las tentaciones totalitarias, habrá valido la pena.
Las ideas se enfrentan con argumentos, no con amenazas ni matonería barata. Y por mi parte, aquí no se retrocede un milímetro.
Hay que tener una dosis monumental de audacia, o derechamente una ignorancia económica preocupante, para pontificar sobre el liberalismo con semejante precariedad intelectual. Ver a Jorge Sharp confundiendo libertad con ausencia de controles, competencia con monopolio y desregulación con impunidad resulta francamente vergonzoso.
Utilizar el escándalo de Ueno Bank como argumento contra el liberalismo es de una pobreza intelectual que da vergüenza ajena. Los privilegios políticos, el capitalismo de compadrazgo y la captura institucional son precisamente lo contrario de una economía genuinamente competitiva. ¿Tan difícil resulta entenderlo?
Y el remate es todavía peor: pretender desacreditar las rebajas tributarias atribuyéndoles consecuencias económicas negativas sin demostrar mecanismos causales ni aportar evidencia empírica. Eso no es análisis económico, es puro dogmatismo ideológico.
Criticar a Axel Kaiser es perfectamente legítimo. Pero caricaturizar las ideas de Mises, Hayek y toda una tradición de pensamiento económico sin comprender siquiera sus fundamentos resulta lamentable.
Lávense la boca antes de hablar de liberalismo.
Kaiser nos regala en 30 segundos el manual de la ultraderecha para gobernar un país: impuestos mínimos, desregulación total y desprecio por la democracia.
¿La consecuencia? Avance de la concentración económica sin control democrático que dispara el costo de la vida para la mayoría
¿El resultado? El escándalo del banco UENO y la caída del presidente en Paraguay que defraudaron a 3 millones de personas.
El Frente Amplio vuelve con la cantinela de siempre: que cualquier ajuste presupuestario equivale a «quitar derechos». Hay que ser muy ignorante en economía, o derechamente muy caradura, para confundir la revisión de una partida con la vulneración automática de un derecho. Y un recordatorio elemental: las prioridades del gasto las propone el Gobierno y las discute el Congreso, no las asambleas doctrinarias del frenteamplismo.
¿Dónde estaba tanta preocupación por las finanzas públicas cuando gobernaban? Incumplieron las metas fiscales de 2024 y 2025, dejaron un déficit estructural del 3,7% del PIB y recurrieron a US$3.500 millones de Corfo para financiar gastos presupuestarios.
Los recursos son finitos y toda decisión de gasto tiene un costo de oportunidad. Exigir más recursos sin explicar de dónde saldrán no es vocación social, es irresponsabilidad fiscal.
Dejaron las cuentas públicas seriamente deterioradas y ahora se presentan como defensores del pueblo. Ese legado no desaparece levantando el puño ni repitiendo consignas.
El Presupuesto 2027 pone en riesgo derechos y servicios que son fundamentales para las familias chilenas: educación, salud, transporte, empleo, ciencia, protección animal y derechos humanos, entre otros.
Desde el Frente Amplio levantamos estas alertas y exigimos reponer los recursos.
¡Las prioridades del país no pueden quedar fuera del presupuesto! ✊
Repetir números en redes sociales no equivale a entender de economía. Hay que ponerle cabeza, contexto y un mínimo de decencia intelectual a las cifras.
Diego Ibáñez cita al Consejo Fiscal Autónomo con una soltura olímpica, pero convenientemente «olvida» que ese mismo organismo advirtió reiteradamente sobre los incumplimientos fiscales del gobierno de Boric, al que apoyó. En 2025 dejaron un déficit estructural del 3,7% del PIB. Ese es el legado de su coalición.
Para colmo, presenta la autorización de endeudamiento sin distinguir que buena parte corresponde a refinanciar deuda existente, no a contraer deuda nueva. Y sobre esa interpretación incompleta monta su discurso para presentar el ordenamiento fiscal como un ataque a los derechos sociales.
El libreto de esta izquierda es de una comodidad infinita: contribuyen al deterioro de las cuentas públicas, le dejan la cuenta al siguiente y luego se escandalizan cuando alguien intenta corregir el desastre.
Los datos económicos se leen completos, senador, no mutilados por la conveniencia ideológica de turno.
El ministro Quiroz nos pide aprobar la deuda pública más alta desde la pandemia. Pero el Consejo Fiscal Autónomo dice que la probabilidad de superar el 45% de deuda prudente es latente, con probabilidad mayor al 50%, para el año 2029-2030. La DIPRES corrige al ministro Quiroz, afirmando que lo que deja de recaudar el Estado por la megareforma es mayor. Prometieron ordenar las finanzas, pero lo que ocurre es un ajuste a las familias, a los beneficios sociales, para que una pequeña élite pague menos impuestos. Esto es inaceptable.
US$850 millones en fondos públicos comprometidos, recursos de las jubilaciones paraguayas en riesgo y una crisis bancaria que terminó golpeando al propio presidente Santiago Peña.
En mi nuevo análisis de Economía, Poder y Futuro examino el escándalo de Ueno Bank, las operaciones bajo investigación y los peligrosos vínculos entre el poder financiero y el poder político.
Porque defender el libre mercado no significa defender a empresarios privilegiados ni aceptar que las ganancias sean privadas mientras las pérdidas terminan pagándolas los ciudadanos.
Esto no es capitalismo competitivo. Es capitalismo de amigos.
Los invito a ver mi análisis completo en YouTube.
youtu.be/xBW8781fzgw?is=JHo7…
Ahora que reventó el escándalo por la adulteración de las cifras de producción en Codelco, vale la pena desempolvar otro botón de muestra de su gestión interna.
En 2026 supimos que la remodelación de su casa matriz terminó costando la friolera de US$57 millones. El contrato inicial era de apenas US$10 millones, aunque Codelco sostiene que el proyecto original completo contemplaba US$18 millones. Incluso tomando esta última cifra, el costo final más que triplicó lo previsto.
No se trataba de perforar roca a kilómetros de profundidad ni de una faena minera de alta complejidad técnica; era un edificio de oficinas corporativas.
¿Dónde quedaron la evaluación económica de inversiones, el rigor presupuestario y la fiscalización de quienes visaron semejante disparate financiero?
El descalabro de Codelco va mucho más allá de un engaño en las cifras productivas. Hay una podredumbre de fondo sobre cómo se dilapida y gobierna el patrimonio que pertenece a todos los chilenos.
Es de una desfachatez sideral ver a Irací Hassler utilizar cifras económicas correctas para construir otro panfleto comunista contra el Gobierno de Kast, sin molestarse en explicar qué hay detrás de esos números.
El IPC subió 0,5% en octubre, pero el indicador sin volátiles registró una variación mensual de 0,0%. Un dato fundamental que también debe considerarse para distinguir las presiones concentradas en determinados productos de una aceleración generalizada de los precios.
Los combustibles dependen de precios internacionales, tipo de cambio, impuestos y mecanismos de estabilización. Sus variaciones no pueden atribuirse exclusivamente al Gobierno. Pero claro, resulta más cómodo repartir culpas que analizar las causas.
Y hay una contradicción de fondo: quienes defienden más impuestos, mayor regulación e intervención estatal deberían explicar cómo esas políticas afectan la inversión, la productividad y los costos que terminan pagando las familias.
Si Hassler exige medidas, que explique cuáles propone, cuánto cuestan y quién las financia. Porque los costos no desaparecen por decreto ni los contribuyentes tienen recursos infinitos.
Los números están para entender la economía, no para disfrazar consignas ideológicas de análisis técnico.
Y eso es precisamente lo que falta aquí: economía seria y menos propaganda comunista.
El IPC volvió a subir con fuerza, un 0,5% en octubre y 4,5% en doce meses. ¿Qué incidió en esa cifra? transporte subió 2,0% y alimentos 1,0%, mientras que la gasolina aumentó 4,5% solo en octubre y ya acumula un alza de 26,2% en lo que va del año y el diésel acumula un alza de 53,5%.
Y el golpe puede seguir porque para la próxima semana se proyecta una sexta alza consecutiva de los combustibles, con aumentos de hasta $90 por litro en el diésel y $40 en la gasolina.
Más desempleo, alimentos más caros y combustibles que siguen subiendo. Son problemas que están golpeando hoy el bolsillo de las familias y los costos de las empresas.
¿Dónde están las medidas del Gobierno para enfrentar estas urgencias? Porque mientras se acumulan las cifras, las familias necesitan respuestas concretas ahora.
Da residente a Milano, ritengo del tutto legittimo difendere l’identità, la cultura e le tradizioni europee. Trovo però profondamente contraddittorio farlo inneggiando a Mussolini e ricorrendo ai saluti fascisti.
L’Europa va difesa attraverso la libertà, non l’autoritarismo. Non confondiamo le due cose.
Sam Altman raises a fundamental point. Intelligence, no matter how advanced, does not confer the right to rule over human beings.
AI should expand individual freedom, not replace human judgment. Technological superiority is not moral authority. The future must remain ours to decide.
People should always be in control of the future.
OpenAI is against the notion that it would be acceptable for people to be relegated to a role of doing things that “AI systems think makes sense to reward in humans”.
People should not cede control of the future to superintelligence, and that requirement should ultimately constrain AI progress.
Los famosos «derechos sociales» que tanto le gusta vender a la izquierda tienen una letra chica que prefieren esconder: nada de eso es gratis, alguien tiene que pagarlo.
Miren este dato: según un estudio de Acción Educar, en 2024 el gasto fiscal asociado a estudiantes con gratuidad universitaria que, según la Casen, estaban fuera del 60% de menores ingresos se estimó en $355.300 millones. Estamos hablando de casi 1 de cada 5 beneficiarios fuera del grupo socioeconómico al que apunta esta política pública.
¿Y quién termina poniendo esa plata? Nosotros. Los contribuyentes, con los impuestos de todos los días.
Nadie está diciendo que no haya que ayudar al que de verdad lo necesita. El problema es la irresponsabilidad de diseñar políticas donde la izquierda celebra el puro acto de gastar plata como un trofeo ideológico, dejando completamente de lado la focalización y la eficiencia.
Los recursos públicos no son infinitos, aunque algunos insistan en gobernar como si la plata cayera del cielo. Ponerle la chapa de «derecho social» a una prestación no hace desaparecer lo que cuesta; simplemente le pasa la cuenta a la fuerza a la gente que trabaja.
emol.com/noticias/Nacional/2… vía @emol
42.100 toneladas de producción artificial en Codelco. Bonos calculados con cifras adulteradas, ejecutivos desvinculados y controles que fracasaron estrepitosamente.
¡Una sinvergüenzura impresentable!
¿Quién autorizó semejante farsa? ¿Quién miró para el techo? ¿Y quién va a responder por el patrimonio de todos los chilenos?
En mi nuevo análisis de Economía, Poder y Futuro voy al hueso, sin eufemismos ni contemplaciones. También cuestiono el modelo de propiedad estatal que permite diluir responsabilidades mientras otros administran recursos que no les pertenecen.
Lo invito a ver el análisis completo. Hay cosas que sencillamente no podemos seguir tolerando.
youtu.be/oVaoLxLvgI0?is=Whif…
Los problemas económicos de Chile son reales, pero reducir su análisis a consignas ideológicas y presentar una rebaja tributaria corporativa como «un regalo a los millonarios» es populismo económico. Asfixiar la inversión con impuestos termina perjudicando el empleo y, precisamente, a quienes tanto dicen defender.
Pero hay algo que me parece todavía más cuestionable: esa facilidad con que ciertos políticos se llenan la boca hablando del «pueblo» mientras disfrutan de privilegios financiados por los propios contribuyentes.
¿Por qué no parten por casa? ¿Por qué no impulsan una reducción sustancial de las dietas parlamentarias y una revisión seria de sus asignaciones?
Es muy cómodo exigir sacrificios con el bolsillo ajeno mientras los privilegios propios permanecen intactos.
Si tanto les preocupa el bienestar de los chilenos, demuéstrenlo con hechos. La austeridad y la responsabilidad fiscal también deben comenzar por quienes administran los recursos que aportamos todos.
La inflación anual ya superó las propias proyecciones del Banco Central. Enfrentamos la sexta alza de la bencina, las ferias libres disminuyen un 60% sus ventas, la cesantía en cifras de pandemia, recortan la educación pública y nos piden aprobar la deuda pública más alta de los últimos años. Pero todo va a estar bien, total los más ricos pagarán menos impuestos. Prometieron mejorar la economía, pero solo hay favores para una pequeño club de millonarios. La gente trabajadora no les votó para reirse de ellos en la cara.
Lo ocurrido en Paraguay es de una gravedad institucional y financiera mayúscula. Una crisis bancaria, fondos públicos comprometidos y un presidente que presenta su renuncia. Las responsabilidades deben investigarse hasta las últimas consecuencias, sin blindajes políticos y respetando siempre la presunción de inocencia.
Sin embargo, resulta lamentable la velocidad con que sectores de la izquierda chilena salieron en patota a utilizar esta crisis para desacreditar al presidente Kast.
«El amigo de Kast», «el ídolo de Kast», «el mandatario que Kast ponía como ejemplo». Ese parece ser todo el argumento.
¿Y qué pretenden demostrar exactamente? ¿Que porque el presidente Kast elogió determinadas políticas económicas de Paraguay y mantuvo buenas relaciones con Santiago Peña, ahora debe cargar con el desprestigio de su gobierno?
Las políticas económicas paraguayas pueden discutirse, contrastarse con cifras e incluso refutarse. Pero utilizar el escándalo de un mandatario extranjero para desacreditar a quien destacó aspectos de su gestión no constituye un argumento serio.
Si Santiago Peña o personas de su entorno cometieron ilícitos, que respondan ante la justicia. Pero primero hay que investigar, acreditar responsabilidades y respetar el debido proceso. Una renuncia no equivale a una condena.
Lo verdaderamente miserable es aprovechar una crisis institucional para intentar ensuciar políticamente a otro. Basta una fotografía, una declaración favorable o una coincidencia ideológica para montar una campaña de desprestigio.
La justicia exige hechos y pruebas. La propaganda se conforma con insinuaciones. Y cuando la política abandona los argumentos para dedicarse al asesinato de imagen, lo que queda en evidencia no es la culpabilidad del adversario, sino la pobreza intelectual de quienes intentan desacreditarlo.
Quiero compartir una reflexión sobre algo que para mí es fundamental: el respeto a la hora de debatir ideas.
Nunca he escondido mis convicciones. Soy liberal clásico, de derecha, admirador de la Escuela Austríaca de Economía y defensor de la libertad individual, la propiedad privada y el Estado de derecho. Soy contrario al marxismo, al comunismo, al colectivismo y a cualquier forma de totalitarismo, venga de donde venga.
Me gusta aportar desde mi formación profesional, especialmente en economía, con análisis técnicos, datos y argumentos, no con consignas políticas.
Pero no espero que nadie piense como yo. Todo lo contrario. He tenido muy buenas conversaciones con personas que tienen ideas completamente opuestas a las mías. Y las valoro. Nadie necesita un título universitario para tener buenos argumentos. Lo importante es debatir con respeto, estar dispuesto a escuchar y reconocer cuando uno se equivoca.
Sé que a veces puedo parecer demasiado formal o académico al escribir. Es mi formación y mi manera de expresarme. No voy a fingir ser alguien distinto para agradar a todo el mundo.
Lo que no acepto son insultos, burlas ni descalificaciones personales. Llamar «fascista» o «nazi» a alguien por defender ideas liberales no es debatir, es demostrar ignorancia y falta de argumentos.
Quien quiera discutir ideas con respeto, aunque pensemos completamente distinto, siempre será bienvenido. Quien venga a insultar o provocar, sencillamente será bloqueado. No estoy aquí para perder tiempo ni hacerme mala sangre.
Así me educaron y así seguiré actuando.
Las ideas se discuten con argumentos. Las personas se tratan con respeto.
Chile pasó de una deuda pública del 3,9% del PIB en 2007 al 44,7% en septiembre de 2026. Casi veinte años de decisiones fiscales que hoy están pasando la cuenta.
¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Cuánto nos cuesta mantener esta deuda y qué necesita Chile para recuperar su disciplina fiscal?
En mi nuevo análisis de Economía, Poder y Futuro examino las cifras oficiales, las responsabilidades acumuladas y las consecuencias económicas de seguir endeudándonos sin recuperar el crecimiento.
Lo invito a ver el análisis completo en mi canal de YouTube.
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Hay un nivel de cinismo e indigencia conceptual en la publicación de Nicolás Grau que ya roza lo patético: presentar la derrota de candidatos respaldados por grandes fortunas como si fuera una victoria moral sobre el dinero privado.
¿Desde cuándo ejercer legítimamente el derecho de propiedad y financiar una opción política se convirtió en algo reprochable?
Estados Unidos tiene una larga tradición constitucional de libertades políticas y económicas. Los aportes a los Super PAC son legales, están regulados y sujetos a obligaciones de transparencia. Precisamente por eso conocemos las cifras de Elon Musk. Y, por cierto, grandes fortunas de Wall Street y Silicon Valley también financian a los demócratas. La honestidad intelectual exige mirar ambos lados de la ecuación.
Lo verdaderamente preocupante no es que un ciudadano utilice libremente su patrimonio dentro de la ley, sino la facilidad con que algunos políticos cuestionan el dinero privado mientras administran, sin semejante indignación, enormes recursos provenientes de los contribuyentes.
James Buchanan y la teoría de la Elección Pública (Public Choice) demostraron que los políticos y burócratas también responden a incentivos de poder, interés propio y permanencia en sus cargos. El interés particular no desaparece milagrosamente por cobrar un sueldo del Estado.
En una democracia libre, el dinero puede influir, pero no sustituye la voluntad de los electores. Y participar legítimamente en política con recursos propios no constituye ninguna falta moral.
La libertad no es un menú a la carta, Grau. No puede celebrarse cuando favorece a los suyos y condenarse cuando beneficia a otros. El problema no es el capital privado, sino la pretensión de someter toda expresión de libertad individual al juicio moral del poder político.
Don Fernando Villegas da exactamente en el clavo con un punto que Nicolás Grau parece pasar por alto.
El ciclo de mayor expansión económica de Chile coincidió con gobiernos de la Concertación, pero tuvo entre sus fundamentos la continuidad del modelo de mercado: apertura al mundo, protagonismo de la inversión privada y disciplina fiscal y monetaria.
Atribuir el mérito exclusivamente al signo político de la coalición, ignorando las reglas del juego que contribuyeron a ese crecimiento, es una miopía técnica inexcusable.
Chile no se estancó simplemente por falta de Estado. Su pérdida de dinamismo también obliga a examinar el deterioro de la productividad, la incertidumbre regulatoria y los incentivos para invertir y producir.
El desarrollo no es un eslogan partidario. Responde a fundamentos económicos que ninguna consigna política puede reemplazar.
CHILE COMIENZA A CAMBIAR LOS INCENTIVOS PARA INVERTIR Y CRECER
Hay giros de timón en política económica que merecen ser reconocidos. La puesta en marcha de la Ley de Reconstrucción Nacional apunta precisamente en esa dirección.
Tal como informa Diario Financiero, el SII acaba de someter a consulta seis circulares para implementar una reforma que contempla reducir gradualmente el impuesto corporativo del 27% al 23%, reintegrar el sistema tributario, eliminar el gravamen del 10% sobre determinadas ganancias bursátiles y suspender transitoriamente el IVA en ciertas ventas de viviendas nuevas.
La lógica económica es clara: el capital responde a incentivos, no a discursos de buenas intenciones. Reducir la carga tributaria mejora la rentabilidad esperada de los proyectos y puede favorecer la inversión, la acumulación de capital productivo, la generación de empleo formal y el crecimiento de la productividad.
La reintegración tributaria también importa. Eliminar gradualmente la restitución parcial del crédito corporativo reduce una distorsión que encarece la tributación de las rentas empresariales. Y avanzar desde la promulgación de la ley hacia su implementación técnica aporta claridad a quienes deben tomar decisiones de inversión a largo plazo.
Chile necesita recuperar su capacidad de atraer capitales, movilizar el ahorro y volver a crecer con fuerza. Desde una perspectiva económica liberal, actuar sobre los incentivos a invertir y producir constituye una vía concreta para avanzar en ese objetivo.
La riqueza no se crea por decreto ni por voluntarismo estatal. Se construye en la economía real, donde las personas arriesgan, emprenden, invierten, trabajan y producen bajo reglas claras y sostenibles.
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