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Sociólogo #Marketing #Democracia #Liberal #NoAlAutoritarismo #Literatura #DDHH Comparto algunas de mis lecturas y opiniones

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❤️🇻🇪 Conversar con Clara Machado Parisca (@lavalada), una mujer de inteligencia deslumbrante, cultura y una sensibilidad que conmueve, fue un verdadero privilegio, especialmente en un día tan extraordinario para Venezuela. Los invito a leer el artículo y a disfrutar nuestra conversación completa en YouTube. Hay noches que merecen ser recordadas.
«𝐋𝐢𝐛𝐫𝐢𝐭𝐨, 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐢𝐭𝐨, 𝐩𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐲 𝐚𝐦𝐨𝐫» El mismo día en que su hermana regresó a Venezuela, Clara Machado Parisca conversó con Venezuela Late. Entre Éluard, San Agustín y la Odisea, habló del duelo por lo que no fue y de una libertad que se ejerce en las cosas pequeñas. Por Elizabeth Sánchez Vegas | Venezuela Late Mientras una caravana atravesaba Lara, Carabobo y Aragua sin terminar de llegar a Caracas, la mujer que compartió habitación de niña con María Corina Machado estaba en su casa de Ciudad de México, frente a un micrófono, diciéndonos que aquel era uno de los días más bellos de su vida. Enseguida añadió: «aunque no he salido de mi casa». Clara Machado Parisca, la menor de cuatro hermanas, historiadora del arte de formación y productora de ficciones para la pantalla, se presenta en sus redes como una venezolana que ama los libros y la libertad. Vivió el regreso de su hermana como lo hemos vivido millones de venezolanos repartidos por el mundo: a miles de kilómetros y, sin embargo, en el centro de todo. Ella lo dijo a su manera. María Corina se había llevado consigo un pedazo de cada uno de nosotros, y éramos millones acompañándola en una dimensión espiritual inmensa. «Si hay un día para estar orgullosa de ser venezolana», nos dijo, «ese día es hoy». Clara tiene una cualidad que se descubre apenas comienza a hablar: una inteligencia vivísima, acompañada de una cultura extraordinaria que comparte con la mayor naturalidad. Escucha con atención, se ríe de sí misma, se emociona sin reservas y pasa de una reflexión profunda a una ocurrencia divertida con una soltura encantadora. Hay en ella una combinación de sensibilidad, alegría, curiosidad y generosidad que vuelve especialmente grato escucharla. Y cuanto más se la conoce, más se comprende que su riqueza personal alcanza mucho más allá de los libros que ha leído y de las historias que ha contribuido a contar. Devorah abrió la conversación evocando el desenlace de Doña Bárbara, cuando desaparece el nombre de El Miedo y todo vuelve a llamarse Altamira. A partir de esa imagen, le dijo a Clara que aquel domingo el miedo dejaba de existir. Clara la corrigió con dulzura. Para ella, el miedo se fue en octubre de 2023, cuando nació un movimiento lleno de luz en el que millones de personas decidieron ejercer su libertad mediante pequeñas acciones que terminaron transformando el país. Lo terminó de comprender en Oslo. Cuando un régimen te arrebata la familia, te separa y te deja sin nada que perder, ya no le queda con qué asustarte. «¿De qué sirve vivir si no puedes abrazar a las personas que amas?», preguntó, y pensó en los cumpleaños y las Navidades que la distancia nos ha robado, en las alegrías y las tristezas que no pudimos compartir. Ella también se fue, como tantos venezolanos, y ha construido una vida en otro lugar, pero nada sustituye a la familia, a la tierra ni a los amigos. «Hay algo que nos llama». La maquinaria diseñada para dispersarnos acabó fabricando, sin proponérselo, su propio antídoto. «Ese deseo de volver a unirnos fue más fuerte que cualquier cosa». Habló de un país que no piensa arrodillarse ante nadie ni aceptar que otros le dicten qué es la libertad y cómo debe lucir. Habló de una gente que por fin puede hacer planes sin preguntarse qué harán los chavistas mañana, aunque sepa que nada estará resuelto de un día para otro y que queda muchísimo por hacer. Y se atrevió a decir lo que otros callarían por pudor. Se disculpó de antemano por sonar cursi, admitió «yo soy un poco así», y dijo que la diferencia está en que «a nosotros nos mueve el amor». El amor por el país, por la familia y también por uno mismo, ese amor propio que se niega a aceptar cualquier imposición contraria a sus valores. Contra eso, dijo, no se puede luchar. Ese amor nos hace “indetenibles”, una palabra que repitió varias veces durante la noche. Carlota le preguntó cómo conservar en el futuro ese valor cívico que se escuchaba en las calles, ese «María, Dios te bendiga» tan lejano del sálvese quien pueda. Clara empezó por la familia, porque allí nos construimos como personas, sea cual sea su forma, y porque los regímenes lo saben y por eso es lo primero que destruyen. Reunificarla será la tarea inicial. Después habló del alma, que cada uno cultiva según sus creencias y su educación, «y de ahí la libertad». También habló de las artes y la cultura, a las que ha dedicado su vida porque desde muy joven descubrió en ellas una manera de enfrentar la existencia. Recordó que Santa Teresa, San Juan de la Cruz y San Agustín fueron grandes filósofos, y que hoy escritores, pintores y cineastas nos siguen dando sustento espiritual. Admitió que defenderlas cuesta, porque no todo el mundo cree en eso, pero quien lo descubre, aseguró, no lo suelta nunca más. Clara sostiene que diseñar el futuro, el de una persona y el de un país, es un ejercicio de imaginación, y que la imaginación no viene dada: se cultiva. Quien pasa los días calculando cómo llegar vivo a la noche y cómo conseguir lo indispensable para los suyos ya no tiene tiempo de imaginar nada. Pocas veces he oído describir con tanta exactitud la crueldad más silenciosa de una dictadura, que además de encarcelar personas les confisca el porvenir. Llevó el argumento hasta un lugar que a muchos sorprenderá: quien no puede imaginar tampoco puede creer en Dios, porque cada uno de nosotros necesita imaginarlo para creer en él. Le pedí que nos leyera «Liberté», de Paul Éluard, el poema que la aviación británica dejó caer en paracaídas sobre la Francia ocupada, junto con las medicinas y las armas de la resistencia. Antes de empezar, nos contó que Éluard lo concibió como un poema de amor para su esposa, y que al llegar al final no conseguía quitarse de la cabeza otra palabra. Eso la conmueve, explicó, porque la libertad está muy mal entendida. A veces se confunde con libertinaje, cuando en realidad tiene que ver con la entrega, con saber recibir amor para poder tomar las decisiones que queremos y debemos tomar, con saber elegir el deber ser. Yo había confesado al comienzo del programa que llevaba el día entero llorando, y mientras Clara leía seguí haciéndolo sin ningún pudor. Nos contó que esas imágenes la devuelven a su infancia y a un día cualquiera en Caracas, y nos invitó a leer el poema muchas veces, incluso a aprenderlo de memoria, porque cada lectura abre otra dimensión. Al terminar, nos dejó una pregunta que todavía no he logrado soltar: ¿dónde escribiría yo ese nombre? Quise saber qué puede despertar un poema allí donde un discurso político no llega, y Clara respondió hablando del duelo. Del duelo por lo que teníamos y nos arrancaron de las manos, y de otro más difícil de nombrar, el duelo por lo que no fue. «Yo siempre pienso en esa persona que no fui». Cualquier venezolano, aseguró, podría contar la historia de lo que creyó que iba a ser. Esas emociones despiertan dolor, rabia y a veces arrepentimiento, pero también pueden conducir a la gratitud si uno se da permiso de sentirlas. La poesía, dijo, toca el mismo lugar del alma que la música, ese que la prosa más concreta casi nunca alcanza. Para explicarlo recurrió a una comparación muy cotidiana: el dolor que sentimos al día siguiente de levantar pesas, cuando descubrimos en los brazos músculos que ni siquiera sabíamos que teníamos. El alma también guarda rincones adoloridos que nada había tocado, y un poema los mueve. Sin pretender hablar como psicóloga, defendió el derecho a sentirlo todo. Reprimir las emociones sería la peor manera de reconstruirnos, sobre todo cuando llegue la hora de mirar a la cara a ciertas personas y aprender a perdonar, sin que eso signifique impunidad ni olvido. Tampoco cree en la esperanza por decreto. A veces, dijo, solo quien acepta la realidad en toda su dureza puede empezar a cambiarla. Carlota volvió más tarde con una pregunta que nos inquietaba a todos: ¿hemos aprendido los venezolanos el verdadero valor de la libertad? Clara fue honesta. Todavía tenemos cosas que demostrar, ella incluida, y nada debe darse por sentado. Aun así, mirando estos dos últimos años, cree que sí hemos aprendido el sentido del deber ser. Y pidiéndonos que por un momento olvidáramos que es su hermana, confesó que ese mismo domingo le había llegado de golpe una certeza: cuanto María Corina ha hecho en su vida lo ha hecho a punta de valores y convicción, igual que su equipo y que el país que, mientras conversábamos, la acompañaba en la calle. Las elecciones de julio de 2024, añadió, fueron, además de un triunfo, la manifestación de una sociedad civil en la que cada uno hizo lo que le tocaba. De ahí extrae su definición de libertad, que tiene mucho más de cotidiano que de épico: ceder el paso en la calle, ser educado, botar la basura donde corresponde, recoger los desperdicios de una playa sucia delante de los hijos. Me conmovió que, en el día más extraordinario que hemos vivido en años, la hermana de María Corina nos hablara de una playa sucia. Tiene sentido: el país, dijo, se perdió «de a pedacitos», y la verdadera catástrofe fue despreciar durante años esas pequeñas acciones individuales. Ahora que empieza el rescate de las instituciones, nos toca ejercer la libertad todos los días para no volver a perder lo grande. Le corresponde a nuestra generación lo que hicieron quienes vieron el horror de la Segunda Guerra Mundial y dedicaron su vida a defender un mundo libre: contar lo que vivimos a quienes vienen detrás y a otros países. Hemos aprendido, además, que nuestra voz suma. Por eso la gente salió a recibirla sin esperar a ver qué hacía la mayoría: una sociedad civil nace cuando cada uno actúa por convicción, sin calcular quién va ganando ni dónde le conviene estar. «Hoy tengo más esperanza de la que he tenido en veintiséis años», nos dijo. Cuando abrimos la sala, la primera en tomar la palabra fue Corina Yoris. Recordó el artículo en que comparó a María Corina, en blue jean y con la bandera en alto, con la Libertad de Delacroix, y la llamó la imagen viva de la libertad. Clara le respondió con una película francesa, Los hombres libres. Su obsesión por la Segunda Guerra Mundial, sobre la que lo lee y lo ve todo, le viene de su padre, y aquella historia de líderes religiosos que protegieron a perseguidos durante la ocupación de París la marcó. Contó que sigue a un muchacho que empieza sin creer en nada y termina entregado a la resistencia, y que en el fondo dice que los hombres libres son los que deciden. Entonces le agradeció a Corina la decisión dura y arriesgada que tomó por todos nosotros, y le dijo que estaremos siempre en deuda con su ejemplo. Llevaba tiempo esperando la oportunidad de darle las gracias. Después la sala se llenó de voces: oyentes que nos escuchaban desde la madrugada europea y jóvenes que no han conocido otro país y que, aun así, no se dejaron robar la identidad. Sus preguntas llevaron a Clara a terrenos más íntimos. Le preguntaron qué etapa de esta lucha le había costado más. Confesó que nunca se había detenido a pensarlo, y sin embargo la respuesta le salió enseguida: 1998. Tenía diecinueve años, luchaba con todas sus fuerzas por otras opciones democráticas y sentía la impotencia de que no la escucharan, de que le respondieran que no entendía nada porque venía del privilegio. Esa polarización, dijo, nos hizo mucho daño. Para ella aquel año fue la culminación de una larga temporada en que el país perdió los valores sin que nadie se atreviera a tomar las pequeñas decisiones que exigía el deber ser. Recordó la toma de posesión de Hugo Chávez, aquel juramento que agravió la Constitución sin que nadie se levantara a exigir que se repitiera conforme a la ley. Ver cómo el país se llenaba de una energía tan oscura sigue siendo lo más traumático de todo. «Eso es lo que no he superado». Cuando le preguntaron por qué María Corina ha entregado su vida a esta lucha, Clara habló de misión. Hay personas que desde muy pequeñas saben a qué vinieron a la vida, y su hermana supo siempre que venía a dejar Venezuela mejor de lo que la encontró, fiel a aquella enseñanza de su casa según la cual quien más tiene o más recibe, más debe dar. Empezó en la sociedad civil, visitando un albergue de niños abandonados al que llevó a su madre, y fue creciendo. Clara insistió en que aquello no tiene nada de místico. Es trabajo y preparación. María Corina fue siempre una estudiante impecable, se rodeó de economistas hace veinte años y fue a Yale para formarse como la líder y la gerente que el país necesitará. Entiende que el individualismo nos ha hecho mucho daño y que nuestros destinos están conectados, pero también que el sacrificio por los demás necesita amor propio. Clara admira, sobre todo, cómo resistió años de reveses, soledad y rechazo. «Yo no sé si hubiese aguantado». ¿De dónde saca su hermana fuerzas para siete horas de caravana? «Yo ya estaría fulminada», respondió Clara, y habló de una entrega tan completa que no deja espacio para el cansancio. Lo que más la motiva, añadió, son sus hijos. Es madre y, como tantas venezolanas, quiere que regresen y dejarles un país donde puedan ser felices. Clara citó de memoria a Andrés Eloy Blanco: quien tiene un hijo tiene todos los hijos del mundo. Contó también su propia historia. A los veinticinco años atravesó una relación muy difícil y llegó a sentir que la vida no tenía sentido. La sostuvieron los libros. Pensó que si ella había pasado por aquello, alguien más tenía que estar pasándolo, «así sea una persona», y decidió dedicar su vida a la ficción. Antes de marcharse de Venezuela recorría los colegios con una maletica de libros y un lema que nos repitió casi con timidez: «librito, librito, paciencia y amor». Sobre su papel en el futuro contestó con la salsa, «yo no sé mañana», aunque sabe que estará al servicio del país a través de las historias, aunque tenga que hacerlo sola, lector por lector. Imagina un hogar venezolano que, después de tanta separación, sabrá valorar cada momento compartido como antes no lo hacía y unas madres que serán quienes nos reunifiquen. Lo que más la conmovió de ese domingo fueron las mujeres que se acercaban a su hermana para decirle que si ella había vuelto, sus hijos también podrían volver. Ya avanzada la noche se unió al programa Idania Chirinos, que había estado a punto de entrar a Venezuela con María Corina, y nos contó lo que estaba ocurriendo en ese momento. Minutos antes la había llamado Henry Alviárez desde el volante de la camioneta, mientras María Corina saludaba de pie a una multitud en la que no cabía un alfiler. Idania recogió la frase que una señora le gritó desde una ventana: «No te vamos a dejar sola». Clara le respondió con gratitud, porque sin quienes han acompañado a su hermana nada habría sido posible, y subrayó la espontaneidad de esa gente que ya no espera que alguien venga a arreglarle el país. Confesó que le habría gustado teletransportarse para estar allí. Del precio que ha pagado la familia habló sin adornos. Ha sido duro ver sufrir a quien se ama, y aun así nadie le pidió nunca que se rindiera. «Si algún día como hermana tengo que hacer de escudo humano, así lo haré». La historia de María Corina, dijo, la contaría como el viaje del héroe, esa estructura que todo guionista aprende y que sostiene casi todas las historias que nos contamos, desde la verdad y sin olvidar a quienes la acompañaron, porque ninguna líder es nadie sin su gente. Lo difícil será escoger qué dejar fuera. Le preguntamos por su madre, Corina Parisca. Está muy orgullosa, ha sufrido un ensañamiento que ningún adulto mayor debería padecer y está desesperada por pisar suelo venezolano. Clara recordó un documental sobre Isaías Medina Angarita que vio de niña en VHS («acabo de revelar los años que tengo», se rió). Según contó, el expresidente volvió del exilio muy enfermo y, al llegar a Maiquetía, pidió que lo pusieran de pie para pisar su tierra. Así está su madre. «Lo vamos a hacer todos juntos. Y llegar a casa». Al despedirse nos dijo que contáramos siempre con ella. En Oslo nos había pedido que buscáramos a un venezolano y escucháramos su historia. Esa noche escuchamos la suya. Durante nuestra conversación, pasó de San Agustín a una película francesa y de Éluard a una salsa, con la naturalidad de quien ha encontrado en los libros una manera de comprender la vida y acompañar a los demás. La Odisea, una de las historias que más la conmueven, cuenta el regreso de Ulises a Ítaca. El de Clara todavía está pendiente. Sospecho que, cuando le llegue el turno, bajará del avión con una maletica de libros. 🎧 La conversación completa con Clara Machado Parisca puede escucharse en nuestro canal de YouTube: youtu.be/2ii8J3OFhkA @lavalada @VLate2025 @elhabito @devorahsasha @LeCoffeeCat
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Hola amigos. Hoy es la final del Campeonato del Mundo de Fútbol. Naturalmente quiero que gane España, pero también el fútbol y todo aquello que une a nuestros dos países. Durante un rato España y Argentina serán rivales. Después volverán a ser lo que siempre han sido para mí: dos pueblos hermanos. Quizá suene tonto decir esto, pero siento la necesidad de expresar que, pase lo que pase, yo seguiré admirando a los inmensos artistas argentinos con los que he tenido el privilegio de trabajar, seguiré admirando a sus jugadores de fútbol y, por supuesto, seguiré queriendo a mis muchos amigos de Argentina y a todo un país al que me siento profundamente unido. El deporte tiene esa maravillosa capacidad de enfrentarnos sin dividirnos, de competir sin dejar de respetarnos y de recordarnos que la verdadera victoria nunca debería pertenecer al odio, sino a la admiración. Que gane quien mejor juegue. Y que, cuando el árbitro señale el final, celebremos todos algo mucho más importante que un resultado: la amistad entre dos países que hablan el mismo idioma, y la oportunidad que nos da la vida para con el buen comportamiento de jugadores e hinchas, de dar ejemplo, de enorgullecer y hacer brillar a las comunidades hispanas de todo el mundo. Si así es, ambos habremos ganado esa final. @SEFutbol @FIFAWorldCup @fifaworldcup_es #fifaworldcup
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¡Desgraciados! Es lo que estas indignadas mujeres le gritan a estos integrantes de Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. En lugar de ayudar llegaron a robar. Esto ocurrió en el edificio Vallarta, ubicado en la urbanización Playa Grande, en Catia La Mar.
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“Estaré en Venezuela para ayudar a coordinar y a estimular los esfuerzos ciudadanos en la emergencia y en la reconstrucción. Estaré en Venezuela para llorar juntos nuestras pérdidas.  Esto no se trata de mí; somos miles y miles que queremos ir; es un país entero en duelo que necesita consolarse unido. EN ESTA HORA YO ESTOY DISPUESTA A HACER LO QUE HAYA QUE HACER, HABLAR CON QUIEN HAYA QUE HABLAR, PARA COORDINAR Y SERVIR A NUESTRA GENTE”. #TodosConVzla 🇻🇪: mensaje de @MariaCorinaYA
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El Topo Mayor, Hector Mendez, mexico 80 anos e infinita experiencia en salvamento, no tenemos palabras para agradecerles . En medio de la tragedia causada por el terremoto, los rescatistas han demostrado el valor más noble del ser humano: arriesgar su propia vida para salvar la de otros. Con valentía, entrega y un profundo sentido de servicio, han trabajado sin descanso entre los escombros, llevando esperanza a quienes más lo necesitan. Su labor es un ejemplo de solidaridad, coraje y amor por el prójimo. Hoy reconocemos y agradecemos a cada rescatista, voluntario y miembro de los equipos de emergencia que, con sus manos y su corazón, han ayudado a salvar vidas y a mantener viva la esperanza de todo un país. 🇻🇪❤️🙏🏻 Gracias. #raymatoday
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ÚLTIMA HORA: En un caso sobre la votación por correo, la Corte Suprema eligió hacer lo correcto. Las leyes de muchos estados siguen en pie: el electorado puede votar por correo y, si lo hacen antes del día de las elecciones, los estados contarán sus boletas. Todas las personas votantes deben planear votar y saber que su voto va a contar.
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Ella es Karen Brewer, y su explicación de cómo debe organizarse y operar la sociedad civil es una breve y extraordinaria cátedra de lo que se debe hacer... VÉALO ANTES DE ACTUAR Y ACTUEMOS!!!!!
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Todos los goles de Leo Messi en un solo vídeo 🐐 Más de 5 horas de puro placer audiovisual 😍 Relájate, ponte cómodo y disfruta 🍿 youtu.be/vkEVH-FVNU4
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