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El poder dice que se ha terminado el Estado del Bienestar, y mucha gente se lo cree.
Es curioso que hayan proclamado ese fin en un momento en el que nuestros países son entre 5 y 10 veces más ricos que cuando se construyeron esos estados del bienestar.
Es una estafa mayúscula que expresa un declive civilizatorio; la ley de la selva y los Estados al servicio de los mercados marcan el fin de nuestras patrias y de sociedades cohesioandas con un horizonte de futuro.
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Creo que de las cosas que más definen a cierto sector de la sociedad es pedir subidas de sueldo para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y quejárse de que los profesores pidan subidas de sueldo.
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"Las bibliotecas son de los pocos espacios públicos donde podemos leer, estudiar, trabajar o simplemente estar durante horas sin tener que consumir ni gastar dinero [...] Necesitamos estos espacios por salud mental"
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Resulta curioso que estos trumpistas que practican el irracionalismo y sistemáticamente atacan la verdad se propongan ahora cpmo defensores del legado occidental. Aunque claro, como racistas que son ellos entienden por Occidente la supuesta superioridad de lo blanco. Ven a Grecia desde la visión mitológica en que la concibió el romanticismo (alemán) del siglo XVIII: como una excepcionalidad hecha a sí misma y desde ahí cuna de Occidente que también se habría hecho al margen, o como lo opuesto, de otras civilizaciones. La visión lineal donde lo más humanamente elevado va de Grecia a Roma hasta llegar al Occidente moderno que desde el siglo XV conquistó el mundo. El problema con esto (que incluso hace parte de la filosofía de la historia de Hegel) es que ha sido ampliamente desmontado por autores como Bernal y perspectivas críticas como la descolonial. Ni Grecia se hizo a sí misma ni Occidente surge linealmente de esa herencia. Pero dudo mucho que analfabetos funcionales como JD Vance y Marco Rubio hayan leído esos textos.
Si algo positivo alumbró Occidente al mundo fue la centralidad de la razón. El aporte a la humanidad de la ilustración y la reflexión filosófica acerca del gobierno de lo común y, con ello, el surgimiento del lenguaje político republicano. Que son, objetivamente, legados occidentales de enorme valor en el avance histórico de la humanidad. Vistos sin esencialismos. Pero estas ultraderechas fascistas precisamente representan la clausura de la razón y de la concepción ilustrada de la humanidad. Son la cancelación completa de la ética pública que se deriva del lenguaje político republicano. Estos tipos encarnan la sinrazón, el irracionalismo y la destrucción de lo común. Son la barbarie.
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El verdadero motor de este mundo es la lucha entre el Bien y el Mal.
Y la única arma letal de la que dispone el Mal es la disfrazarse del Bien.
Ahora mismo, ante tus propios ojos.
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"We don't know what we're doing. Please stop us" is the strangest IPO pitch in history.
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En todas esas críticas desde la supuesta berdadera hizquierda a la acampada hay un profundo desprecio por la militancia que lleva años poniendo el cuerpo y por la clase trabajadora que sufre el problema de la vivienda y ha visto en la ofensiva de estos días un rayo de esperanza.
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Exacto. “Ha motivado estupendamente su equivocada decisión. No te quejes”. Una instancia.
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The United States is telling every airport in the world that from now on they belong to the USA. If this stands, it’s the largest global sovereignty grab of the modern era.
But it actually is part of a pattern in which the USA is trying to expand its domestic law onto foreign jurisdictions: Julian Assange (a foreign citizen in a foreign country) had to plead guilty to have violated US law to finally be allowed to fly home, the US coercing others to follow its taxation is the same, and now airports.
Any nation that does NOT forbid its airports to follow this order is a colonized territory.
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Cada vez tengo más claro que el problema de nuestra era es que la Gen Z y similares no nos hemos hecho hecho aún con el poder institucional. Muchas burlas, pero cada vez lo veo más con lo que me cuenta mi padre sobre sus compañeros de trabajo: todo el puñetero día con Franco, Ayuso y la cabra de la legión. De verdad, es ver sus grupos de WhatsApp y es una puñetera parodia. Son un producto caducado. Hubo grandes hombres y mujeres en estas generaciones , pero cada vez son menos. Los residuos pesan mucho. Dejad paso. Esto ya no es de vuestra incumbencia. Dejad que se ocupen del mundo del mañana quienes lo van a vivir. Lo de estas décadas es un fracaso mayúsculo.
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You can say what you want about Iran but they're definitely pretty unique in their communication: never seen a country threaten another with a math equation before 😅
For those who didn't get it: there is a famous monetary policy formula used by the Fed called the "Taylor rule" that says a central bank's policy rate (i) should equal the neutral real rate (r*) plus target inflation (π*), plus 1.5 times the inflation gap and 0.5 times the output gap (the "i = r* + π* + 1.5(π−π*) + 0.5(y−y*)" part of Ghalibaf's formula).
Ghalibaf adds α(SOH−SOH*) and β(BEM−BEM*): SOH referring to the Strait Of Hormuz and BEM to Bab El-Mandeb. Both have positive coefficient, meaning the more those chokepoints are choked, the higher the rate the Fed would have to set to fight the resulting inflation.
In a nutshell this is Ghalibaf trolling the Fed, telling them that Iran is - in a very real way - setting American monetary policy.
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Van ustedes a flipar con el precio de la comida; y no este año que también, el que viene.
🤙🤙 Pero eh eh eh; que los agricultores somos malos y no avisamos porque no podía saberse.
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Los jueces, la estructura, la economía y la ley (un intento de ser más serio)
Después de bastante tiempo reflexionando sobre el tema, y manteniendo y ratificando mi opinión sobre los jueces y juezas chusqueros y mediáticos de tuiter, de más que evidentísimo sesgo a estribor + nacionalismo español intransigente y posiciones sociales que serían carcas hasta en el siglo XIX, voy a hablar de los jueces en general, no de esta averiada muestra no representativa de la generalidad de nuestros pecados.
Estoy convencido de que los debates sobre la ideología de los jueces suelen estar atrapados en una falsa dicotomía.
Para la mitología liberal (no quiero ofender personalmente a Rallo, pero siempre me hace gracia como su desconfianza hacia el Estado y sus agentes se troca casi siempre mansa aquiescencia y confianza ciega cuando de jueces y casos mediáticos se trata) los magistrados son sacerdotes laicos de una neutralidad prístina, despojados de cualquier sesgo.
Para cierta izquierda dogmática, en cambio, de materialismo excesivamente reduccionista/determinista son poco más que el "comité de administración" de la clase dominante, un engranaje perfectamente engrasado para garantizar que el capital siempre gane y el trabajador pierda.
Aunque lo segundo se acerque más a la verdad que lo primero, la realidad de los tribunales es mucho más compleja, contradictoria y fascinante.
Empecemos por lo obvio; nadie oposita durante años (y las oposiciones son en verdad duras, aprobar implica prescindir del ocio 6,5/7 días semanales y memorizar auténticos bodrios, y en el examen o te sabes los temas o no te los sabes) para hacer la revolución. Y entender esto exige mirar la base material de la judicatura sin falsos tapujos.
Quien decide enfundarse una toga y someterse a la tortura de una oposición extrema asume, de entrada, el marco del capitalismo democrático y liberal, más o menos intervenido, más o menos suavizado por el llamado Estado del bienestar. Esa macroestructura es el billete de entrada incuestionable.
Algún juez entrista o anarquista habrá, pero porque tiene que haber de todo en este mundo.😃
A esto se suma un factor económico decisivo: los jueces ocupan una posición material con ingresos comparativamente privilegiados. Con retribuciones que multiplican por tres o más (dependiendo) el salario mediano del país, y protegidos por un estatus de inamovilidad y prestigio institucional que los blinda frente a la precariedad cotidiana, la incertidumbre habitacional o la angustia del desempleo. Por eso resulta obvio que su bienestar está indisolublemente ligado a la estabilidad del orden existente.
Ojo: existen argumentos perfectamente válidos para justificar esta alta retribución, desde la responsabilidad, la exigencia de una altísima cualificación técnica y dedicación exclusiva hasta la necesidad de blindarles frente a tentaciones de corrupción o presiones externas, argumentos que pueden ser individualmente objetables pero que también tienen fuerza.
Sin embargo, el efecto colateral de esta posición desahogada es innegable: refuerza de manera estructural su carácter “no antisistema”. Ningún juez con una inserción socioeconómica acomodada y un futuro garantizado va a cuestionar los cimientos del sistema que le otorga esa seguridad. Es de cajón.
Aceptar ese marco sistémico y contar con una retribución desahogada no convierte automáticamente al juez en un testaferro de la gran patronal. Eso es lisa y llanamente falso. Pretender que un magistrado falla de forma mecánica y sistemática a favor del capital en cada conflicto laboral, mercantil o medioambiental ignora cómo funciona el derecho en el día a día. El propio sistema capitalista necesita contrapesos y reglas de juego para no autodestruirse; si la ley fuera una alfombra roja permanente para el abuso empresarial más descarado, el sistema colapsaría por falta absoluta de legitimidad y paz social.
Ahí es donde el materialismo histórico más mecanicista comete un error de cálculo. El Derecho y las instituciones estatales no son una simple prolongación directa de la voluntad de los poderosos, sino la condensación material en forma de texto legal, siempre imperfecta e incompleta, de una correlación de fuerzas, ella misma dinámica y cambiante.
Muchas de las normas que los jueces aplican a diario, desde las garantías en materia de despido hasta los límites ambientales, no son concesiones altruistas del capital, sino conquistas arrancadas a pulso por la clase trabajadora a lo largo de décadas. Esas leyes conservan esa memoria histórica en su seno y poseen una sustantividad y autonomía propias.
Un juez no puede resolver guiado por un capricho ideológico matutino; está atado por el principio de legalidad y por lo materialmente probado. Si se extralimita de forma flagrante, los tribunales superiores se encargarán de corregirlo.
Ahora bien, dentro de la ley existen "zonas de penumbra": ese espacio de indeterminación donde las normas son ambiguas y el operador jurídico debe interpretar, por no decir valorar, donde la interpretación se torna (y esto lo ha estudiado gente mucho más lista que yo, que no es difícil) un verdadero ACTO POLÍTICO. Es ahí, precisamente en ese margen, donde la agencia individual y la biografía de cada juez cobran todo su sentido.
Los jueces "normales" se mueven en un abanico ideológico que, en términos generales, bascula desde el centro-izquierda hasta la derecha conservadora y más allá (en general cuanto más se sube en el escalafón más formol).
En ese tramo intervienen sus valores y su concepción de la justicia. Un magistrado con una sensibilidad socialdemócrata interpretará un precepto laboral buscando proteger al eslabón más vulnerable de la relación contractual, o en un caso penal tenderá a ser más garantista y pijoteras (ver la sentencia de Trapero de un magistrado progre de alto nivel técnico, como Valcárcel) mientras que una mirada liberal-conservadora tenderá a priorizar la flexibilidad del mercado y la seguridad del tráfico mercantil, y será más “flexible” con ciertas garantías.
Ambos cumplirán formalmente con el trámite técnico y se moverán dentro del perímetro del sistema, pero el impacto humano sobre el justiciable será radicalmente distinto. Y eso, queramos o no, es ideología en acción.
Todo esto explica el 95% de la litigiosidad ordinaria, donde el magistrado, más vago o menos (y los hay muy vagos), más técnicamente preparado o no, más concienzudo o no (y los hay copipasteadores entusiastas), se rige en general por la ley, la voluntad de acertar/quitarse cuanto antes el marrón de turno y sólo tangencialmente por su cosmovisión/prejuicios.
Pero el panorama cambia de forma drástica cuando saltamos al otro 5%: los casos de dimensión política, institucional y mediática clara.
Es ahí donde las costuras del sistema ceden y la ilusión de la pura neutralidad técnica se desvanece. Cuando un pleito toca los resortes del poder político, la corrupción sistémica, los grandes equilibrios territoriales o la soberanía del Estado, el margen de interpretación se ensancha de manera exponencial.
En los temas mediáticos o que afectan a lo más mollar del sistema, la ideología, el sentido de Estado y las lealtades corporativas o ideológicas dejan de estar camufladas tras la dogmática jurídica y se convierten en los auténticos protagonistas de la escena, por muchas grandilocuencias pseudoténicas y retorcimientos dialécticos magistrales en los que se envuelvan. El poder judicial, como cualquier institución, no es ajeno a las tensiones del poder.
Los jueces no son, desde punto de vista materialista (tampoco podrían serlo) “neutrales”: cuentan con una posición económica privilegiada, con todo lo que ello implica de moderación sistémica, un estatus que los aísla (al menos parcialmente) de la realidad cotidiana de la calle y una inserción clara en el tinglado del Estado.
Pero tampoco son autómatas al servicio exclusivo del capital. La realidad de muchas sentencias lo desmiente. Son operadores (por cierto, cabría exigir también que tuvieran más cultura general y capacidad de análisis lógico en ciertos aspectos, no sólo jurídica) que navegan entre los límites estrictos de una ley contradictoria y muchas veces redactada con el culo, su propia conciencia y las tensiones reales de una sociedad en constante conflicto.
Entender esa compleja mezcla de privilegios materiales, autonomía legal y agencia es el único modo de analizar la justicia con rigor, sin mitos y dogmatismos.
Y si me apuras, es el único modo de ser “marxista” sin caer en la caricatura.
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La primera victoria de Trump fue considerada una anomalía, un cabreo electoral pasajero; la segunda, en cambio, fue saludada como un cambio de época de la que Trump era el emisario imperfecto. Y muchas personas se subieron al barco, dejando su integridad en tierra.
"Lo que más me ha impactado de la segunda presidencia de Trump no es el desmesurado fraude, la violencia paramilitar ni los ataques a la libertad de expresión (...) es la capitulación de tantas élites estadounidenses ante el autoritarismo vulgar de Trump." nytimes.com/2026/09/14/opini…
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In a strange way, we are privileged to watch it unfold in real time. Watch and learn. The debate between capitalism and socialism distracts from the real issue: corporate fascism vs. actual commercial freedom.
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The Anthropic/OpenAI/Google scheme to have government regulate them follows a pattern. Every major new industry has done this: pharmaceuticals, meat, banking, finance, agriculture, software, social media, crypto. It's a conventional cartelization scheme and the dominant economic form of the last 150 years.


























